La administración nacional atraviesa un momento de marcada turbulencia política debido a las fisuras en el Gabinete, donde las discrepancias sobre el ritmo de la gestión económica han comenzado a aflorar tanto en declaraciones públicas como en ámbitos privados. El presidente Javier Milei debió intervenir de manera directa para ordenar a sus principales colaboradores tras los cuestionamientos internos respecto a la velocidad con la que las mejoras financieras se trasladan al ciudadano de a pie, en un contexto marcado por la dispersión del discurso oficialista.
Desacuerdos en la cúpula y cruces directos
Las diferencias no tardaron en manifestarse entre figuras clave del oficialismo durante una reunión de Gabinete que sirvió para exponer los cortocircuitos. Por un lado, ministros del área económica habrían advertido en encuentros reservados y ante banqueros sobre las dificultades que atraviesan los sectores productivos, el consumo interno y la morosidad familiar, proyectando escenarios complejos e incluso una nueva caída de la economía hacia el tramo final del año. Por otro lado, referentes legislativos y figuras de peso manifestaron públicamente su preocupación por el impacto social del ajuste.
En el centro de las tensiones quedaron dirigentes de primera línea. La jefa del bloque oficialista en el Senado debió editar un posteo en redes sociales donde reclamaba que la mejora económica llegue a las familias y a las pymes, un pedido de mayor velocidad que en la Casa Rosada leen como una crítica velada al ritmo de la gestión. A esto se sumaron las diferencias arrastradas con el esquema de control que la Secretaría General, encabezada por Karina Milei, instaló sobre la bancada parlamentaria.
La respuesta del Ejecutivo y el rol del Congreso
Ante este panorama de fuego amigo, la reacción oficial no se hizo esperar. Durante el encuentro ministerial, el jefe de Estado exigió mayor alineamiento y un férreo compromiso con las ideas fundacionales del plan de gobierno, advirtiendo que no piensa traicionar sus convicciones por un resultado electoral ni modificar el rumbo pese a los pronósticos sectoriales.
Las fisuras en el Gabinete representan un desafío significativo para la cohesión política del oficialismo, que ahora busca alinear a su tropa legislativa en el Congreso —con reuniones encabezadas en la Casa Rosada junto a la mesa política— para evitar que las divisiones internas debiliten la agenda de reformas prevista, incluyendo el tratamiento de proyectos clave en Diputados y el Senado. La gran incógnita que recorre los pasillos gubernamentales es si la desconfianza mutua podrá convivir con la necesidad de asegurar los votos indispensables para sostener la gobernabilidad.
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