Los inversores globales sufrieron un duro revés tras conocerse el último reporte de empleo en EE.UU. correspondiente al mes de agosto, el cual mostró un dinamismo muy superior al esperado por los analistas. La economía estadounidense añadió 162.000 puestos de trabajo, casi triplicando el consenso de mercado que rondaba los 56.000 empleos, mientras que la tasa de desempleo se mantuvo en el 4,1%. Además, las cifras de junio y julio fueron revisadas al alza por un total combinado de 55.000 empleos, y los ingresos medios por hora aumentaron un 0,3% mensual y un 3,1% interanual.
Esta cifra inesperada alteró de inmediato las expectativas sobre los próximos movimientos de la Reserva Federal. La probabilidad de un incremento de tasas en septiembre trepó rápidamente hasta un rango de entre el 60% y el 65%, generando un reacomodamiento generalizado en los rendimientos de los bonos del Tesoro —con el bono a 2 años saltando hacia el 4,4% y el de 10 años cerca del 4,8%— y fortaleciendo de forma contundente a la divisa estadounidense. Activos tradicionalmente seguros o de cobertura sintieron el impacto de manera directa, obligando a repensar las estrategias vigentes.
La reacción de los metales y los criptoactivos
El mercado reaccionó con caídas generalizadas ante la mayor probabilidad de un endurecimiento monetario. El oro experimentó un retroceso inicial muy marcado, cayendo desde los 4.469 dólares hasta tocar los 4.376 dólares la onza (una baja cercana al 2,1%), presionado por el incremento en los rendimientos y el encarecimiento del dinero. Sin embargo, a diferencia de los activos digitales, el metal precioso logró recortar parte de sus pérdidas hacia el final de la sesión y estabilizarse cerca de los 4.419 dólares. Esta recuperación parcial se debió al persistente respaldo que otorgan las tensiones geopolíticas —como el conflicto en torno a EE.UU. e Irán y el precio del petróleo Brent en torno a los 96 dólares por barril— y la incertidumbre global. Por el contrario, los criptoactivos sufrieron una mayor vulnerabilidad: Bitcoin retrocedió desde su máximo previo por encima de los 82.200 dólares para perforar la barrera de los 80.000 y cotizar cerca de los 79.600 dólares, mostrando una fragilidad mucho mayor ante los cambios repentinos en la liquidez y el apetito por el riesgo.
Perspectivas para la política monetaria
La lectura principal que deja este escenario es la robustez de la economía norteamericana frente a los costos de endeudamiento elevados. Tal como había señalado el presidente de la Fed en Jackson Hole, la actividad laboral se mantiene plenamente consistente con el pleno empleo y la inflación continúa siendo el principal desafío para los gobernadores. Si la economía puede absorber tasas altas, el banco central tendrá mayor margen para priorizar el control de los precios por encima de cualquier estímulo prematuro. El comportamiento del empleo en EE.UU. continuará siendo el barómetro fundamental para anticipar los siguientes pasos de la política económica internacional y su correlato en los mercados globales.



