El escenario financiero internacional se ha tornado más complejo para los países emergentes tras las recientes decisiones monetarias adoptadas en el norte global. En este contexto, la suba de tasas dispuesta por la Reserva Federal genera interrogantes sobre cómo afrontar los compromisos en moneda extranjera previstos para los próximos años. Analistas y consultoras locales evalúan la sustentabilidad del programa financiero oficial ante este nuevo encarecimiento del crédito externo.
Los desafíos del financiamiento externo y el impacto local
La restricción en los mercados internacionales y el encarecimiento de la tasa libre de riesgo —que opera en torno al 5% anual, elevando el riesgo país por encima de los 500 puntos básicos— limitan las opciones de emisión de bonos soberanos en el exterior. Los títulos Globales largos volvieron a rendir tasas de doble dígito, un fenómeno que no se observaba desde abril, dificultando notablemente la colocación de nueva deuda *offshore*. Informes de consultoras como Facimex y 1816 detallan que este panorama reduce los grados de libertad del programa financiero diseñado en el Presupuesto 2027.
Pese a estas complicaciones y a los efectos adversos sobre los flujos de capital, que migran desde los mercados emergentes hacia Estados Unidos, los especialistas coinciden en que los pagos venideros se encuentran cubiertos. Los compromisos en moneda extranjera previstos para 2027 —que ascienden a unos u$s21.400 millones si se contemplan los Globales y Bonares en manos privadas, los pagos netos al FMI y los Bopreales residuales— no presentan riesgos de incumplimiento según la visión unánime de la city.
Estrategias alternativas y el rol del mercado doméstico
Para sortear las limitaciones externas, el Gobierno proyecta instrumentar el grueso de la refinanciación de la deuda de mercado mediante la emisión de Bonares en el ámbito doméstico por un total equivalente a unos u$s11.000 millones. Aunque se trata de un objetivo desafiante para un año electoral debido a la magnitud del mercado local, el Ejecutivo ha demostrado capacidad para recurrir a fuentes alternativas, como repos, préstamos garantizados, el swap del Tesoro norteamericano y el respaldo histórico del organismo multilateral.
En el escenario más pesimista, el Ministerio de Economía podría avanzar con privatizaciones o utilizar directamente los recursos disponibles en el Banco Central. Cálculos del sector privado estiman que las reservas netas alcanzan los u$s11.300 millones, mientras que las reservas “usables” —excluyendo el tramo no activado del swap chino— trepan hasta los u$s36.000 millones.
Perspectivas, colchón de reservas y el horizonte 2028
De cara al futuro inmediato, la acumulación de divisas y el acceso continuo al Mercado Libre de Cambios resultan vitales por motivos que exceden el cumplimiento estricto de las obligaciones corrientes. Mantener la capacidad de compra de dólares determinará el «poder de fuego» oficial para intervenir en el mercado cambiario si fuera necesario y, fundamentalmente, servirá para mitigar los vencimientos del año 2028, cuando el Tesoro y el BCRA deban afrontar pagos por u$s27.800 millones con privados y el FMI.
Contar con un sólido nivel de reservas al finalizar cada período administrativo garantizará la tranquilidad necesaria, otorgando un importante margen de maniobra a la siguiente gestión y disipando los temores de los inversores respecto a la solvencia soberana a mediano plazo.



