La administración que encabeza Javier Milei ratificó su regulación de la inteligencia artificial cero, marcando una nueva coincidencia ideológica y económica con la gestión de Donald Trump en Estados Unidos. Mientras los principales referentes tecnológicos globales discuten la necesidad de desacelerar los avances y establecer controles estrictos debido a los peligros latentes, la Casa Rosada optó por una postura diametralmente opuesta que prioriza la libertad absoluta para innovar.
La visión oficial sobre la tecnología
A través de las declaraciones del embajador argentino en Washington, Alec Oxenford, el Ejecutivo nacional dejó en claro que la disrupción tecnológica no debe frenarse por temor. La directiva oficial consiste en liberar el potencial creativo, liderar los procesos y gestionar los riesgos de manera dinámica sin caer en prohibiciones. Para el oficialismo, el presidente Milei mantiene una postura «fundamentalmente optimista» que ve a la IA como una oportunidad extraordinaria para impulsar la productividad y saltar etapas de desarrollo.
Este debate cobró fuerza internacional luego de que directores de empresas líderes como Anthropic y OpenAI, sumados a figuras como Elon Musk, advirtieran sobre los graves riesgos de una carrera desenfrenada hacia una superinteligencia y solicitaran ralentizar el ritmo. Sin embargo, tanto Trump como el Gobierno argentino desoyeron estos planteos, sosteniendo que la respuesta no es detener la innovación sino aprovecharla, bajo la premisa de que quienes dudan corren el riesgo de quedarse atrás.
Inserción internacional y perspectivas
Lejos de ver al sector como una amenaza, la estrategia gubernamental apunta a integrarlo dentro de una cadena de valor global más amplia bajo principios de apertura, libertad y estado de derecho. Esto explica la reciente incorporación del país a la iniciativa internacional conocida como Pax Silica, una alianza impulsada por Estados Unidos para estructurar una nueva cadena global alrededor de la tecnología.
Aunque Argentina no compite directamente en la fabricación de microchips avanzados o semiconductores, su participación se sustenta en el suministro estratégico de insumos energéticos esenciales y minerales críticos. En este escenario, el rechazo a cualquier esquema restrictivo sobre la regulación de la inteligencia artificial se alinea con la premisa de fomentar inversiones extranjeras masivas en el potencial gasífero de Vaca Muerta y en sectores mineros como el litio, el cobre y el uranio.
El Gobierno sostiene que el desarrollo tecnológico debe estructurarse sin normativas burocráticas que, según su óptica, ahogan el crecimiento económico y retrasan la llegada de capitales indispensables para construir la infraestructura física, tecnológica y humana de la nueva era digital.



