La dinámica cambiaria en la plaza local dio un giro significativo en los últimos días cuando el dólar mayorista logró perforar la barrera que operaba como límite informal en la ronda de negociaciones. La cotización subió $1,50 en una sola jornada y cerró en $1,511,50, marcando un nuevo máximo nominal, a pesar de la presencia y de las distintas herramientas utilizadas por los funcionarios para contener las cotizaciones.
Un equilibrio delicado entre tasas y liquidez
Durante varias semanas, la contención de este valor estuvo acompañada por una fuerte contracción de la liquidez en pesos, lo que disparó el costo del dinero a niveles que no se registraban desde el verano. Ante este panorama, analistas como Gabriel Caamaño, director de Outlier, interpretan que una vez flexibilizado este techo informal, deberían aflojar la tasa en pesos y su volatilidad. Permitir un nivel algo mayor para el dólar mayorista funciona como una estrategia oficial para descomprimir el mercado monetario.
Vencimientos, coberturas y el fantasma de los 2.595 millones
El foco de la city ahora se concentra en los próximos compromisos financieros atados al tipo de cambio y en la demanda de cobertura por parte de los inversores. Con una baja tasa de aceptación en el reciente canje de deuda —donde la Secretaría de Finanzas logró renovar apenas el 34,12% de los instrumentos que vencen a fin de mes—, todavía quedan alrededor de u$s2.595 millones que deberán ser afrontados, lo que mantiene vigentes los vencimientos de deuda dólar linked.
En este contexto, el volumen operado en instrumentos indexados mostró un salto considerable. La letra más corta, la D31G6, negoció u$s168 millones, más del doble que en jornadas previas, evidenciando una fuerte oferta de cobertura. Esta situación demuestra que, aunque se haya flexibilizado la banda informal, la intervención estatal continúa activa mediante diferentes mecanismos financieros en el mercado secundario y operaciones en futuros.
Por su parte, economistas como Federico Glustein plantean que detrás de esta dinámica opera una disyuntiva clave: elegir entre utilizar un dólar contenido para colaborar con la desaceleración inflacionaria o permitir tasas más bajas que ayuden a reactivar la actividad económica. En definitiva, la decisión de dejar atrás el techo de los $1.500 abre una nueva etapa donde la administración económica busca equilibrar estas variables, mientras vigila de cerca los movimientos que experimenta el dólar mayorista en las próximas ruedas.



