En las últimas semanas de agosto, la política cambiaria local atravesó un giro significativo que redefinió las prioridades del equipo económico. Ante las crecientes presiones sobre la liquidez, el Banco Central optó por relajar la contención sobre el segmento mayorista, permitiendo que la compra de divisas se combine con una mayor tolerancia en la cotización oficial, que logró consolidarse por encima de los mil quinientos pesos por unidad y cerró la semana en 1.512 pesos, tras tocar un máximo intradiario de 1.514 pesos.
Durante la primera etapa, el intento de fijar un techo informal para el tipo de cambio generó una fuerte contracción de pesos y disparó las tasas de interés de corto plazo. Informes de la City señalaron que la tasa interbancaria superó el 28% promedio, un umbral elevado que no se registraba desde el verano, mientras que la caución a un día tocó un pico de 37,5%. Para evitar un daño mayor sobre una actividad económica que ya muestra señales de fatiga, las autoridades monetarias convalidaron un desplazamiento del rango de intervención hacia una zona levemente superior —ubicada entre los 1.500 y los 1.515 pesos—, aliviando de este modo las condiciones financieras generales.
Dilemas monetarios y reservas internacionales
Este cambio táctico trajo alivio inmediato sobre las tasas de caución y los rendimientos de los instrumentos en pesos, estabilizando la caución en torno al 20,7% y las Lecap a 30 días cerca del 25%. Sin embargo, también modificó el ritmo de acumulación de reservas. Aunque la autoridad monetaria logró concretar jornadas de adquisiciones importantes hacia el cierre del mes —como los 93 millones de dólares comprados el jueves, el saldo más alto de agosto que elevó el acumulado anual a 13.967 millones y las reservas brutas a 50.860 millones—, el promedio diario de compras se redujo a unos 35,6 millones de dólares frente a los 93 millones diarios de julio.
Esta dinámica estuvo acompañada por el debilitamiento generalizado de otras monedas de la región, como el real brasileño, el peso chileno y el sol peruano. Hacia adelante, la incógnita que se abre para septiembre es hasta qué punto el equipo económico tolerará una mayor flexibilidad en el tipo de cambio para equilibrar las tensiones sobre la tasa de interés sin descuidar la recomposición de los activos externos en un contexto de cepo cambiario acotado.



